La Semana de Cine de Melilla arranca con música, proyecciones y una mirada al papel de la mujer en el cine
La 18ª Semana de Cine de Melilla comienza este lunes 4 de mayo con una jornada inaugural que reúne tres propuestas principales: un concierto de música de cine, la proyección de una película y una exposición artística. Este arranque marca el inicio de una programación que se extenderá durante toda la semana hasta el domingo, con estrenos, sesiones especiales y diversas actividades paralelas.
El acto central de la inauguración tendrá lugar a las 21:00 horas en el Teatro Kursaal Fernando Arrabal con el concierto de música de cine a cargo de la Orquesta Ciudad de Melilla, bajo la dirección de Salvador Bellido Mauri y con la participación de la soprano Mari Carmen Gálvez. La velada contará con la presentación de la melillense Paula Moncada, además de vídeos introductorios e intervención institucional.
Este concierto se ha integrado en la Semana de Cine durante casi cinco años, tanto como actividad inaugural como dentro de la programación general, consolidándose como una de las citas destacadas del evento. Sin embargo, la relación de la formación musical con el cine va más allá del propio festival, ya que la banda ha desarrollado a lo largo del tiempo conciertos específicos dedicados a la música cinematográfica, reforzando su presencia en este ámbito.
El repertorio previsto incluye piezas reconocibles del imaginario cinematográfico como West Side Story de Leonard Bernstein, Los chicos del coro de Bruno Coulais, El guardaespaldas con el tema I Have Nothing interpretado por Whitney Houston, Esencia de mujer con Por una cabeza de Astor Piazzolla o Por un puñado de dólares de Ennio Morricone. A ello se suman composiciones de La familia Bélier (Je vole, de Michel Sardou), así como selecciones de La vida es bella de Nicola Piovani, La La Land de Justin Hurwitz y Los Goonies de Dave Grusin.
La presencia de este repertorio pone de relieve la importancia de la música en la historia del cine. Desde sus orígenes, el cine estuvo acompañado por sonido, principalmente musical, incluso en la etapa conocida como cine mudo. En ese periodo, la música —interpretada en directo por pianistas, pequeñas agrupaciones u orquestas— cumplía una función esencial: aportar ritmo, subrayar emociones y dar continuidad narrativa a las imágenes proyectadas. Con el paso del tiempo, esta práctica evolucionó hacia la composición de partituras originales para películas, consolidando la figura del compositor cinematográfico.
La llegada del cine sonoro en la década de 1920 supuso un cambio decisivo, permitiendo la sincronización de imagen y música grabada y dando lugar al desarrollo de grandes bandas sonoras orquestales. Desde entonces, la música se ha convertido en un elemento estructural del lenguaje cinematográfico, capaz de definir atmósferas, construir identidad narrativa y reforzar el impacto emocional de las historias.
